El final de Attack on Titan es uno de los más debatidos porque no es una conclusión feliz ni sencilla. Todo gira en torno a Eren, quien decide iniciar el Retumbar para destruir gran parte del mundo exterior y así proteger a la isla de Paradis.
A lo largo del final se entiende que Eren ya había visto parte del futuro, por lo que sus acciones no fueron impulsivas, sino algo que sentía que debía hacer. Su objetivo no era solo destruir, sino también provocar que sus propios amigos lo detuvieran, convirtiéndolos en héroes ante el resto del mundo.
Mikasa juega un papel clave en este desenlace. Es ella quien finalmente toma la decisión más difícil: matar a Eren para detener el Retumbar. Este momento no solo pone fin a la destrucción, sino que también cierra la relación entre ambos personajes.
Después de la muerte de Eren, el mundo entra en una especie de calma, pero no es una paz total. Aunque el conflicto se detiene temporalmente, queda claro que el odio entre naciones no desaparece por completo. Paradis sigue preparándose para posibles guerras futuras.
En general, el final muestra que no existe una solución perfecta. Eren logra proteger a sus amigos y cambiar el curso de la historia, pero el ciclo de violencia no desaparece del todo. Es un cierre que deja una sensación agridulce y bastante realista dentro del mundo de la serie.

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